miércoles, 17 de julio de 2013

Marcelino Cereijido, un tipo políticamente incorrecto




Foto: Arturo Orta

¿Qué es el cognicidio?

Significa matar el conocimiento, “cogni” significa conocer y “cidio” acción de matar. El conocimiento no es como la información que se puede guardar en la memoria de computadoras o en bibliotecas. Todo organismo, todo, sobrevive siempre que sea capaz de interpretar la realidad en que vive: por ejemplo, si tuviéramos una babosa enfrente, tan sencilla que no tiene cerebro, ella tiene que interpretar si se mueve para la izquierda, donde se acabaron los nutrientes, o para la derecha, donde todavía hay. Si se va para la izquierda es demasiado idiota para ser babosa y la lucha por la vida no puede tolerar semejante chapucería. Esto rige para los vegetales también: Imagínate que en un campo de girasoles todos están mirando para el lado donde sale el sol. Si hubiera uno que mira hacia el lado contrario sería demasiado tarado para ser girasol. Si una bacteria necesita la enzima beta galactósido para alimentarse tiene que reconocerlo, saber dónde está, es decir, interpretar su realidad.

En el caso de los seres humanos hace 50 000 años les empezó a brotar algo que llamamos conciencia y, como interpretar la realidad es tan importante para sobrevivir, empezó a hacer modelos mentales para decir por qué ocurren las cosas.

En su libro Hacia una teoría general sobre los hijos de puta usted dice que los países del tercer mundo no pueden ser democráticos, ¿por qué?

En la Gracia Antigua la sociedad estaba organizada por capas jerárquicas, si vos pertenecías a un determinado escalón de ésta, tenías que obedecer al de arriba y eras obedecido por el de abajo sin tener que justificar el por qué. La manera de vestir, usar barba o no, el tipo de empleo que se tenía, con quién se podía casar, todo estaba reglamentado con base en ese sistema pero de repente todo se viene a bajo; cobran importancia las ciudades y los habitantes, llamados de ahí en adelante ciudadanos, quienes enfrentan el problema de gobernarse entre iguales. Inventaron las leyes del tener razón, y las leyes del tener razón son argumentar, refutar, comparar, disuadir, convencer, que con el tiempo se va transformando en la democracia y la base de la filosofía.

En México no se argumenta, así los integrantes de un sindicato pidan algo lógico y justo tienen que bloquear una carretera o atarse a una verja o exhibirse desnudos en avenida Reforma para que les hagan caso. Así no funciona la democracia. Ahora, como todas las cuestiones son demasiado complejas como para discutirlas a muerte y convencer a todos, llegado el momento se tiene que ir a votar, pero el voto es el fracaso de la democracia. Entonces lo que se acostumbra es discutir y cuando todos dicen “bueno, este es el mismo argumento de hace media hora. Ya no hay ninguna idea nueva, bueno, vamos a votar”. Pero en México ni siquiera se está a ese nivel. En el tercer mundo no se puede ser democrático.

La ciencia tampoco se puede desarrollar en ese contexto a menos que pase como en el primer mundo, que se desarrolló en los espacios universitarios, con argumentos. Si al final, lo que pasa con la ciencia mexicana lo termina decidiendo el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, que dicta que tiene que ser así o asa y si no el ministro de Economía no suministra presupuesto. Uno debate, pero lo gobiernan económicamente.

¿Cuál es la ventaja de la ciencia frente a otros conocimientos?

El ser humano comenzó con el animismo, dotar de vida a las cosas, el politeísmo, el monoteísmo, y el primer modelo humano para interpretar la realidad que no utiliza deidades es el modelo científico. Un científico premio Nobel puede dar una conferencia y si en el fondo de la sala un becario le hace una objeción, él no le puede decir “oye, ¿usted sabe con quién está hablando?”, le tiene que contestar.

El desarrollo de la ciencia moderna no tiene ni cuatro o cinco siglos pero la tienen muy pocos países; los llamados del primer mundo. México no tiene ciencia, tiene muy buena investigación, poquita, pero la que tienen es de excelente nivel y no lo digo porque sea investigador, sino porque publican en las mejores revistas del mundo y ahí no hay suposiciones ni caprichos. Lo que dice la ciencia vale para todos lados: es universal.

Es el mejor esquema explicativo que cubre dos requisitos: uno, la capacidad de predecir; y otro, la coincidencia de lo que afirmo con la realidad. Hace un tiempo le pegaron un balazo en la cabeza a Salvador Cabañas, jugador de futbol. El Instituto de Neurocirugía le aplicó un tratamiento que se llama Gamma Knife, el equipo tiene un costo de unos 40 millones de pesos, capaz de operar la cabeza sin abrirla. Es un aparato tan caro que solo hay uno en el país y una cola enorme de pacientes requieren usarlo. Ello le salvó la vida al jugador. En agradecimiento, los fans marcharon a la villa de Guadalupe. Si hubiera una cultura compatible con la ciencia, el América hubiera jugado contra Chivas y, de lo que se recaudara, donarlo para comprar otro aparato pero piensan que si hay una solución la debe proveer la virgen.

Al lugar donde tenía el balazo Cabañas le hicieron una tomografía computarizada, la zona afectada estaba representada en colores con la forma, naturaleza, posición, irrigación y vías nerviosas que interrumpía el disparo. Los médicos combinaron conocimientos de neuropatología, computación, imagenología, entre otros, para que los neurocirujanos le abrieran la cabeza. Quiere decir que todas las leyes de la computación, la imagenología, radio y patología deben de estar bien porque coincidió con la realidad. La predicción que hicieron con la realidad fue total.

Una vez en la UNAM me invitaron a una mesa redonda donde participó un sacerdote; él decía que cada quien es libre de creer. Y yo le dije que no era cierto porque si un médico es libre de creer, puede decir que no cree en los tumores y cualquier paciente con ese mal que tenga la mala suerte de caer en su consultorio morirá. Así que usted no es libre de creer, le dije. Esa es una tontería que le dicen al pueblo.

Comparemos eso con la eucaristía: cuando el vino y la hostia se transforman en el cuerpo y sangre de Cristo. Si es cierto que ese vino se transforma en sangre de Cristo, ¿le dejarían a la ciencia que se tomen un par de mililitros para ver a qué grupo sanguíneo pertenecía? Como en la sangre hay células de glóbulos blancos, se puede obtener una muestra de ADN del núcleo para secunciarlo. Como los padres de Cristo eran Dios y el Espíritu Santo tendríamos el genoma de Dios y el Espíritu Santo. Cuando se lo dije al cura que participaba en la mesa redonda dijo que era una blasfemia lo que yo decía y yo le dije que él era un cognicida. Esa manera de interpretar la realidad estaba bien hace 3 mil años en la Edad de Bronce tardía en la que se formó el judeocristianismo, no ahora.

A mí me jodían con la cuestión de la clonación: que si queremos hacer robots sin alma, materialistas. Y digo: No, ¡¿quién dice eso?! Nosotros, los científicos, clonamos células del páncreas a ver si podemos modificarlas y meterlas en el peritoneo a un diabético para que le segrege insulina. O cuando una persona sufre quemaduras de segundo o tercer grado se obtienen células del tejido sano para sembrarlas, hacerlas crecer e injertarlas en la piel de nuevo. A eso se le llama clonación. Luego le pregunté al mismo cura que si hace 2 mil años que empezó el Cristianismo, y desde ese entonces se han tomado la hostia y el vino en cada ceremonia religiosa, ¿se trataba de un acto simbólico? Él contestó que no, que es una viva representación de su cuerpo y sangre; entonces, le contesté, desde ese tiempo los curas vienen clonando a Cristo. El tipo se paró y se fue. La cultura mexicana está enhebrada por el catolicismo, ¿eso se parece a la ciencia?

¿Qué es la cultura científica?, ¿quiénes deben poseerla?, ¿cómo apropiarse de ésta?

Yo hago una diferencia entre la cultura científica y la cultura compatible con la ciencia. Si voy a Argentina y digo que acá en México hay buena odontología, los argentinos no van a pensar que acá toda la gente es dentista sino que hay uno por cada 200 habitantes, por decir algo, que lo son; el resto tiene una cultura compatible con la odontología, quiere decir que si a alguien le duele una muela o se le parte una corona acude a ese 1% de la población para curarse. En cambio, México no se tiene una cultura compatible con la ciencia; por lo menos, a Salvador Cabañas lo curaron los médicos con un aparato avanzadísimo, pero le atribuyeron la solución a una virgen.

La UNAM quiere que la sociedad tenga una cultura compatible con la ciencia: se publican libros para explicar por qué es de día, de noche, por qué llueve, sobre el clima, el sol, qué sé yo. Pero el día que vino Juan Pablo II en su penúltima visita al país era un día precioso, radiante de sol, y todas las emisoras de televisión dijeron que se fijaran hasta qué punto la virgen de Guadalupe amaba al papa que hizo despejar las nubes para recibirlo, y eso lo vieron millones de chicos que pasan a ser subdesarrollados, atrasados. Eso es cognicidio; es matar el conocimiento que la gente de la UNAM está tratando de fomentar. Nosotros nos mantenemos en el tercer mundo que no tiene ciencia y padece varios dramas.

El primer drama es no tener ciencia en el siglo XXI donde ya no queda prácticamente nada que se pueda hacer sin ciencia y tecnología. Las laptops, el aire acondicionado, las cámaras fotográficas... la salud pública, el transporte, la comunicación, hasta la diversión: todo depende directa o indirectamente de la ciencia.

El segundo es que con el analfabetismo científico —que significa no poder interpretar la realidad sin recurrir a milagros, revelaciones, dogmas ni al principio de autoridad— el afectado es el primero en reconocer su tragedia: las poblaciones que padecen inundaciones cada temporal, carestía de comida, medicamentos o agua, pero como le falta el conocimiento sobre ciencia no puede entenderlo, así se lo expliques. Y no solo le pasa al campesino que vive en la sierra, le pasa al Estado.

Yo soy asesor del Consejo Consultivo de Ciencia desde hace 17 años, ya van tres presidentes de la República en ese periodo y en su perra vida me preguntaron nada. Pero son muy buenos tipos, nos dicen “ahora tenemos muchos problemas urgentes pero en cuanto los resolvamos vamos a apoyar a la ciencia”. Eso ya los define como una bestia porque es como si yo te dijera, mira: “Ahora tengo que resolver todas estas ecuaciones diferenciales pero si bien las resuelva, te juro que voy a estudiar a ver qué es eso de las matemáticas”, y me vas a decir: “o usted aprende matemáticas o en su perra vida va a poder resolver una ecuación diferencial”.

En México todos los problemas son económicos, todavía está a la antigua cuando la variable principal de la realidad era la economía. Parece que el marxismo nos convenció demasiado pero yo te puedo decir que si en el caso de Salvador Cabañas hubiera venido Slim a taparlo con una carretilla de dólares, se hubiera muerto, porque la variable es el conocimiento en el mundo moderno, no la economía. Somos pobres porque no hay conocimiento.

El papa Pío IX en 1864 promulgó la encíclica Quanta cura en la que condenó a la ciencia y sus derivados. Me gustaría que a ese papa, si le hicieran un cateterismo, él mismo dijera que no porque deriva de la ciencia, o que si tomara un vuelo al Vaticano se le negara y se tuviera que ir nadando porque es otro producto de la ciencia. Como es un dogma, en la religión no se pueden corregir sus errores.

El analfabetismo científico trae dramas terribles. Uno de los máximos desastres que le pueden pasar a una especie biológica, el ser humano entre ellas, es que fueron seleccionados para actuar en una realidad y que la realidad cambie. Supongamos que a un pescado de una laguna de agua dulce de repente se saliniza, se muere. O un vegetal que requiere cierta cantidad de agua, lo mismo. O imagínate una guacamaya seleccionada para vivir en el trópico pero si la llevo al polo, se muere.

Hay una polilla gitana que devasta los árboles frutales; un tiempo se le suministró DDT pero no la mataron al cien por ciento, quedó un diez por ciento resistente; el año que vino todas eran descendientes de las sobrevivientes; en aquella ocasión se usó más DDT; murieron algunas pero también se seleccionó a especies más resistentes. Llegó un momento en que se tenía que ponerle más DDT y a las ya polillas no les pasaba nada pero sí a los humanos: si ingerían esa fruta se intoxicarían.

Ahí entra la ciencia: investigadores hallan que la polilla macho detecta a una hembra hasta a cuatro kilómetros de distancia por las feromonas que emite ésta. Obtienen la fórmula química de las feromonas, lo rocían con una avioneta sobre los sembradíos y acaban con el problema. Se produjo lo que se llama castración informática. No castraron a las polillas sacándoles sus órganos genitales sino que las desorientaron. La esencia de esto es que se detectó en qué realidad se reproducían, se cambió esa realidad y ya no la pudieron interpretar.

Si un campesino mexicano pierde su trabajo en Yucatán, allá vivía del yute pero llegó otra empresa que fabrica nylon, tiene que migrar y consigue otro donde se hacen cámaras fotográficas de 10 megapixeles. La ciencia y la tecnología le cambiaron la realidad, su situación es igual a la de la polilla. Está a años luz del conocimiento que se necesita para habitar esta realidad con cosas que produjo el primer mundo. Eso es un drama.

México tiene que hacer ciencia y tecnología, no para aumentar su acervo cultural sino porque si no te mueres; o es al revés que la polilla: el ser humano en situaciones adversas se reproduce más, y en consecuencia, cortan los bosquen, urbanizan zonas, y es un drama. Es un problema tan grande que no se puede ser democrático porque no existe esa capacidad para serlo. No hay un razonamiento porque la gente está desesperada.

¿Problemas como el cambio climático no nos obligará a decidir como humanidad con base en el conocimiento científico?

No se está haciendo. Nuestras universidades en última instancia están reguladas por los economistas, que están hundiendo el conocimiento nacional. Nosotros hacemos ciencia, ¿quién nos pone las normas en economía? Los administradores. Te mandan una tabla para obtener un donativo por tres años donde tienes que poner qué vas a estar haciendo trimestre por trimestre. La ciencia se maneja por novedades, yo puedo estar investigando X objeto y si mañana me despierto y veo que lo acaba de descubrir un japonés, ¿qué voy a hacer? No se puede ignorar. No es una fábrica de salchichas y decir que si hago 20 por día en tres meses voy a hacer X más. El conocimiento no es lineal ni continuo y esos métodos obligan a que el investigador mienta.

Imagínate que a Einstein, guardando toda proporción, ibas a presionarle en siete meses para que se le ocurriera la teoría de la relatividad y que llegara un administrador a preguntarle, ¿en qué porcentaje la tiene desarrollada?, ¿ocho por ciento?... ¡¿Qué día se le va a ocurrir?! Carajo, yo puedo decirle lo que voy a hacer pero no puedo prometerle que se me va a ocurrir nada, porque la ocurrencia no la manejo.

El tipo que pone las normas con las que uno va a investigar es suficientemente idiota porque está hundiendo el conocimiento mexicano. A ese tipo, yo, con toda la amabilidad y respeto lo colgaría de un árbol. Además, dicen idioteces terribles, dicen que hay que hacernos más competitivos: la ciencia no progresa por la competencia, si un organismo es competente no necesita competir; al contrario, lo que surge en ciencia es resultado de la cooperación. Están arruinando el esfuerzo mexicano por conocer.

Cuál es el papel que juega la divulgación de la ciencia en México?, ¿en qué ha fallado? y ¿cuáles son sus retos?

La divulgación de la ciencia que se hace en México es buenita pero extremadamente parcial, tan parcial que es mala. Por qué cuando vino el papa Juan Pablo II los divulgadores no hicieron pláticas para explicar por qué estaba escampado el día. No enseñan por qué no tenemos ciencia: no hablan de los administradores ni defienden el estado laico porque la religión es la estructura central de la cultura mexicana. No se divulga. Es como si yo escribo un libro sobre la tuberculosis pero no me permiten políticamente abordar al bacilo de Koch. Se llama disonancia cognitiva.

Los divulgadores para hacer la ciencia interesante nombran casos insólitos; por ejemplo, ¿sabías que si el hombre saltara como una pulga podría llegar a la punta de la Torre Latinoamericana? y ¿que hay agujeros negros tan poderosos que se comen toda una galaxia? Se acostumbró a la gente que los científicos somos gente que vivimos de coleccionar pendejadas. Un presidente puede llegar y decirnos: Oiga, yo en lugar de darle plata para que me enseñe cómo un agujero negro se come una galaxia, me gustaría que me diga cómo le hago para que los chicos de México coman una proteína, y tendría razón. Pero resulta que México no tiene líderes culturales competentes, son analfabetas científicos. Cuando vine a México fui a la mina El Edén en Zacatecas y se me erizaron los pelos porque entré y los hijos de los mineros heredaban la deuda de los padres. Si rompían una pala o un pico, ya estaban endeudados por el resto de su vida. No salían de esclavos. Una de las grandes reformas fue: uno no puede heredar las deudas de sus padres.

¿Cómo puedes permitir que a un niño de seis años lo pongas de rodillas a que se golpee el pecho porque un requetetataraarchi abuelo que se llamaba Adán y su señora que se llamaba Eva se comieron una manzana? Eso es anticlimático. Cómo vas a poner a rezar a un chico por un dios que es todo bondad y le dicen: pero este tipo se enojó porque le comieron una manzana, se agarró una bronca bárbara y la única manera como se le pasó fue decidiendo mandar a su bebé, que se llama Cristo para que ustedes mortales lo crucifiquen y ahora sí perdonarlos a todos. A mí me parece que ese es un dios hijo de puta.

Si la religión es el núcleo de la cultura mexicana es una perversidad. Yo no digo: hay que prohibirla porque así no funciona la ciencia, si yo digo que dos por dos es cuatro, la ciencia no sale a decir: “y está prohibido decir que es 13”. No, enseña a sumar bien a la gente y por sí solos se harán concientes. Que la gente crea lo que quiera pero enséñale a pensar. Eso no lo está haciendo la divulgación ni siquiera puede tocar el tema. Yo digo que se está haciendo una divulgación mala a pesar de que tenemos a gente de mucha calidad.

¿Quiénes deben de hacer divulgación de la ciencia?

Yo creo que deben divulgar los mismos que están haciéndolo ahora; también los científicos, los penalistas, los especialistas en derechos humanos. Supón que hay una epidemia, vos esperás a que los médicos salgan a decir qué está pasando. Resulta que los sacerdotes ponen a un niño de rodillas a rezar y los especialistas en derechos del niño no les dicen: “Usted no puede enseñar esas idioteces de adorar una deidad”. Son infanticidas porque el niño no filtra con la razón la información que le están dando. Están fabricando ciudadanos subdesarrollados y eso debería estar penado. Debería estar penado idiotizar al mexicano diciéndole “mire cómo la virgen hizo brillar el sol y despejar las nubes”.

La intoxicación cognitiva, que es la mentira, tiene vía libre, no lo controla nadie, ¿por qué la UNAM deja que se propalen indignidades? Yo critico fuertemente a los que hacen divulgación científica y a los especialistas en filosofía, psicología infantil porque no se atreven a decir: No le enseñen a los niños estupideces.

¿Qué lo llevo a dedicarse a la ciencia a pesar de tener todo en contra? Si vemos a esta actividad como una vocación incierta, donde los países tercermundistas investigan los rescoldos de la big science que generalmente se lleva a cabo en los países desarrollados.

Cuando yo tenía 17 años, me preguntaban cómo me iba a ganar la vida, ¿qué quería hacer? Yo vivía en un barrio de clase media baja en Argentina donde había médicos, abogados, dentistas, ingenieros; vos elegías entre eso. Yo elegí medicina y uno de mis profesores fue Bernardo Houssay, galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1947; y Luis Federico Leloir, Premio Nobel de Química en 1970, era mi amigo; entre ellos, malditos tipos, me torcieron la vida, porque si bien salí titulado como doctor en medicina yo ya era un científico. Si yo fuera un médico que palpa barrigas u opera oídos, viviría en la Argentina pero por ser científico hubo un golpe de estado nazi-católico y me tuve que exiliar. Primero fui profesor de una universidad en Nueva York pero me dijeron que México había encontrado mucho petróleo y estaba por “administrar la abundancia” y vine acá. Me apoyaron mucho. Mis trabajos se publican en las mejores revistas del mundo. Mi parte de investigador que es fisiología celular y molecular la hago; en mis horas libres o los fines de semana me dedico a escribir.

Cuando Francis Bacon dijo “knowledge is power”, dijeron pues si da tanto poder no lo divulguemos, vamos a mantenerlo entre nosotros. En el primer mundo están en contra de la globalización del conocimiento. La gente confunde información con conocimiento. Hay gente que quiere que se desarrolle la investigación porque lo que provee es información, no conocimiento. México está sujeto al primer mundo porque éste último quiere poseer el monopolio de la tecnología e innovación para vendérnoslo: los medicamentos, los coches, las cámaras, lo de ellos.

Luz Olivia Badillo

lunes, 15 de julio de 2013

Fahrenheit 451 de Ray Bradbury

"Dale a la gente concursos que pueda ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado o cuánto maíz produjo el estado Iowa el año pasado. Atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos "hechos" que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información, entonces tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o la Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier  hombre que pueda desmontar un mural de televisión y volver a armarlo luego, y, en la actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo, es más feliz que cualquier otro que trate de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario".

 


lunes, 13 de mayo de 2013

Primera persona: Eufrosina Cruz

Nací en la Sierra Sur del estado de Oaxaca, mi nombre es Eufrosina Cruz Mendoza. Soy mujer y siempre parto diciendo que soy una mujer indígena, ¿Por qué parto diciéndolo? Porque el ser indígena. significa para nosotros tener una identidad cultural, una lengua, una vestimenta. Decimos no a la violación de nuestros derechos humanos, no a la retención del desarrollo de nuestras comunidades. Soy una mujer rebelde, yo creo.

Mi infancia, al vivir en una comunidad, fue complicada porque no creces jugando con muñecas. Creces aprendiendo a hacer las tortillas. Te educan para casarte, para ser entregada  a un hombre y te conviertas en madre de familia como mi mamá. Es un círculo vicioso. Tampoco responsabilizo a mi entorno, ni a mi comunidad, y mucho menos a mi padre, porque nadie le enseñó que la infancia de sus hijas tedría que ser diferente. En la visión de mi padre, de su mundo que es el pueblo de Quiegolani, él pensaba que el destino de su hija era ser mujer a los 11 años. Es difícil ser niña en una comunidad porque no tienes otra opción más que hacer las tortillas, ir al rancho e ir a traer la leña.

La educación que recibí en primaria influyó en quien soy ahora. Siempre he dicho que para cambiar el rostro de México y para que México de verdad (y Oaxaca) salgan del rezago, es preciso apostar por la educación. Hablo de una educación de calidad. Una educación donde se cuente con salones bonitos, butacas limpias, un lugar donde haya lo mínimo. Nosotros, los que venimos de la montaña, no exigimos más, sino lo mínimo, lo que merecemos.

En ese sentido, creo que ser profesor es un asunto de convicción, porque el profesor transforma la vida de los niños que el día de mañana serán actores en el desarrollo de sus comunidades. Si no les fomentan a los pequeños ese empuje, esa valentía, es como dejar a una comunidad quieta. En mi vida tuve un maestro a los ocho años que fue fundamental en lo que soy ahora. Me enseñó a no tener miedo, me decía cómo era Tehuantepec, municipio de donde él era originario. 
Se llamaba Joaquín. Recuerdo cómo se apasionaba entregándolo todo, a pesar de que las aulas se estaban cayendo: el salón no tenía puertas, los pupitres de madera los hacían los papás, no teníamos mochilas, llevábamos los libros en bolsas. Ese maestro nos dio todo con tal de construir un Quiegolani mejor. Yo creo que ya es un triunfo que el mundo hoy sepa sobre Quiegolani, y esté en la mira de muchos gracias a ese maestro que no tuvo miedo de ir a la montaña. La educación cambia todo.

Ese maestro que tuve cuando estudie la primaria, aquella escuela donde el tejado y la madera se estaba desintegrando, me cambió y me transformó en lo que soy ahora, porque a pesar de que él se encontraba en el mismo Quiegolani donde yo vivía, no se dormía en el piso de tierra, en el petate; se dormía arriba, aunque sea sobre unas tablas, pero no en el suelo. Ese maestro llegaba con periódico. Hoy sé que son periódicos, en ese entonces los conocía de diferente forma, nos enseñó que existen “casotas grandes”, que había autos...

El profesor Joaquín me enseñó a soñar que afuera de esas montañas que encierran a Quiegolani había otro mundo que yo tenía el hambre de descubrir, y no quedarme ahí, donde mi mamá me despertaba a las tres de la mañana para hacer las tortillas, en donde mis padres no tuvieron la oportunidad de quitarse ese velo de la ignorancia que es igual a la pobreza y la marginación, porque no tuvieron la oportunidad de ir a la escuela, de aprender las letras. 
Siempre lo he dicho, el que hoy me encuentre defendiendo mis derechos, los derechos de los que me rodean, los derechos de las comunidades de mi Estado, se lo debo a la educación, a ese maestro que se arriesgó por mi con responsabilidad. Definitivamente la educación responsable, los maestros responsables, cambian la vida de los seres humanos.

Mi lengua materna es el zapoteco, y empecé a admirar a mi maestro precisamente porque hablaba diferente a mí. Él nos daba clases en español, le entendía yo toditito pero, ¿cómo caramba podía yo contestarle?, ¿cómo hilar ese enunciado?, ¿cómo responder a ese maestro? En zapoteco sí lo podía hacer, sí lograba razonar. El problema era, ¿cómo platicar?, ¿cómo dialogar con ese maestro en español? Porque al llegar a mi entorno, con mis papás me comunicaba en zapoteco igual con mis hermanos y la gente del pueblo. Yo creo que se tiene que construir una educación con la lengua materna de los niños y con el español, ambas lenguas tienen que ir de la mano porque sólo con la lengua materna, es un desafío aprender otra lengua ajena a aquélla con la que podemos comunicarnos con el resto de la comunidad.

Ese maestro me regaló un libro donde nos enseñaba a separar las sílabas, a armar palabras como “árbol” o “gato”. El libro que más recuerdo y el que más me impactó es el de la mujer con la bandera envuelta (La Patria del pintor Jorge González Camarena); para mí era como si fuera un ave libre. Es lo único que buscamos los seres humanos, ser libres. Con las historias de los cuentos, soñé que hay un más allá de Quiegolani. Yo creo que con los libros de texto gratuitos tenemos que impulsar a nuestros niños a soñar que hay un más allá de lo que ven, más allá de lo que encierran sus entornos, más allá de lo que se vive en su comunidad, para que aprendan a luchar por sus sueños. No importa cuántas veces caigan, el chiste es que sepan levantarse y llegar a donde inicia ese sueño.

Los libros de texto gratuitos me enseñaron a soñar. Todo lo soñé en zapoteco, porque los que hablamos una lengua materna indígena, reaccionamos primero con esa estructura y luego lo convertimos en español para transmitirlo. Aprendí a soñar en mi lengua materna, aunque todo lo escuchaba en español; como no le podía contestar a mi maestro, mi sueño se fue construyendo en zapoteco. Para mí, esos libros eran tan  ilustrativos, con lecturas tan inspiradoras. El libro de texto gratuito sigue siendo muy importante como complemento de la formación de los niños. Por supuesto, me gustaría que volvieran a ser lo que antes, con sus cuentos tan ilustrativos, de eso que te  contaban, de personajes como El Burro o El Niño. El libro de texto gratuito tiene que tocar el alma de los niños y los padres de familia, porque para que algo cambie tiene que llegar al corazón.

El libro de texto gratuito es parte medular para la educación de los niños, ha sido la parte fundamental para cambiar muchos entornos en maestros, niños y padres de familia, pero ojalá que los gobiernos en turno le den continuidad a las políticas educativas que sí tienen éxito, independientemente de la administración. Duele ver cuando quitan de circulación un texto que ha funcionado muy bien. Muchas veces esos cambios se hacen desde un escritorio. Los especialistas no van a las comunidades, no le preguntan a los profesores responsables si les sirven o no las modificaciones. Porque el libro de texto gratuito cambia entornos, es un complemento donde se convierte al niño en un luchador por su libertad, y por el desarrollo de su comunidad. El libro de texto gratuito no es un libro cualquiera, es un libro que cuando lo abres y está nuevo, lo hueles, lo tocas con ilusión, lo hojeas dos o tres veces el primer día con el olor que esconde todo un mundo por descubrir.


Me ha tocado recorrer casi todo el país participando en foros y conferencias dirigidas a los jóvenes. Me ha tocado conocer estos dos Méxicos porque en el norte hay uno y en el sur hay otro: ambos necesitan conectarse, salir de la marginalidad. Mi lucha no va a parar hasta que ninguna mujer sea violentada en sus derechos, hasta que ninguna niña sea entregada en matrimonio porque así lo decidieron sus papás o porque así lo dictan los usos y costumbres de su localidad. La educación es eso; la educación ayuda a no detener el desarrollo de nuestras comunidades, la educación quita el velo de la ignorancia. Yo lo viví con mi familia. Mi papá a sus 68 años aprendió que su hija mujer y su hijo hombre valemos lo mismo. La vida da muchos giros. Hoy, una mujer que fue madre a temprana edad pero ya terminó la educación para adultos sabe que su opinión cuenta.

Si tú le das herramientas a los niños, ya sabrán si casarse o no; la señora decidirá si quiere tener siete hijos o ninguno; la señora golpeada o maltratada sabrá que es posible denunciar y que hay instancias que la protegen. Eso es educación. El rezago de pobreza se siente, se huele y se camina en las comunidades. Te llena de impotencia y coraje que un niño, en lugar de cinturón, use mecate; ver señoras que en su vida han usado huaraches o ver las manos carcomidas de mi mamá porque la cal las ha desgastado. La educación es la parte medular de nuestro México.

Con el tiempo descubrí que la discriminación existe en todos los niveles sociales, pero aprendí a defender en lo que creo y a soportar lo que dicen, siempre con mi objetivo por delante: garantizar lo mínimo para la gente que vive a siete horas en la montaña. Aprender a tratar a la gente que viene de allá con dignidad, porque esa gente de la montaña huele a montaña. Pero eso no lo entienden los “civilizados”; ese olor es producto de la marginación y la pobreza.

Siempre he dicho que los que venimos de la montaña no tenemos derecho a ser pesimistas porque de lo contrario solo tendríamos derecho a un camino: lo tomas o lo tomas. La vida me enseñó a no caer y a decir: bueno pa' la otra, pues. Cuando llego allá, a la montaña, para la gente yo soy la que no llora, la fuerte. No tengo derecho a caerme enfrente de ellos, porque son los primeros en decirme: Estamos contigo hasta el final. Ya logramos una reforma a la Constitución de Oaxaca y al Código Electoral del Estado para garantizar la participación de la mujer en los comicios, independientemente de los usos y costumbres de la comunidad. En esto días logramos impugnar un proceso electoral en el que se negó la participación a una mujer; el Tribunal Electoral de Oaxaca le dio la razón a ella. El camino ya está abierto, queda utilizarlo. Al ver por primera vez a mujeres  en Quiegolani dueñas de proyectos productivos y beneficiarias de programas sociales, ejerciendo su derecho a voto, debatiendo y decidiendo, yo me digo: vale la pena todo.

A los luchadores sociales que vienen detrás de mí ya no les costará tanto trabajo decirle a México que los indígenas queremos ser parte de México; decirle al mundo que queremos ser parte del mundo sin dejar de lado nuestra identidad cultural, nuestra lengua. Pido para los hijos de esos rostros que a lo mejor ninguno de nosotros conocemos y que viven sierra adentro: los mixes, de la sierra Mixteca, los coras y los huicholes de la sierra Tarahumara. La vida me enseñó a luchar y a soñar con los ojos bien abiertos, porque luego las caídas duelen, pero el chiste es saber levantarse.

Soy diputada por el Partido Acción Nacional y presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados de Oaxaca. Por primera vez en la historia del estado, una mujer, y una mujer indígena dirige un Congreso. Me tocó romper muros y arrebatar los espacios que se nos deben a los indígenas porque no somos nada más la parte de la exhibición, la parte del folclore o la imagen de algún político para que haga campaña por nosotros. Los indígenas somos capaces de estar en pancarta pero como candidatos; somos capaces de tomar decisiones, de debatir, de cuestionar, de reflexionar. Y lo más importante, somos capaces de aportar ideas en el desarrollo de nuestras comunidades. Hoy que la vida me da la oportunidad de romper muros, es un triple esfuerzo porque tengo que probar que como mujer indígena soy capaz, y desde el Congreso vamos a presentar iniciativas para garantizar la no violación a los derechos humanos de mis hermanos indígenas. En esas rebeldías ando.

Luz Olivia Badillo

martes, 23 de abril de 2013

Por quién doblan las campanas

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.

Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.


Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

JOHN DONNE,  Londres (1572-1631)

martes, 26 de marzo de 2013

Cosechan agua de lluvia para familias sin acceso al líquido



Infografía: Natalia Rentería Nieto


  • En regiones como el Valle de México, la captación del agua de lluvia podría
  •  reducir las inundaciones y además haría posible el aprovechamiento del líquido

  • Surgen en la sociedad proyectos innovadores que hasta el momento han logrado instalar mil 151 sistemas con los que se han captado 54 millones de litros de agua


La captación de agua de lluvia puede ser una de las soluciones para enfrentar el reto que plantea la disponibilidad del líquido en diversas regiones del país. El doctor Luis Marín, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) ha señalado que: “Cada temporada se presentan lluvias relámpago que ocasionan inundaciones, mientras en lugares como Iztapalapa (en el Distrito Federal) hay casi dos millones de personas sin agua. Si logramos capturar el 50% del agua de lluvia, las probabilidades de inundación se reducen porque no se satura el drenaje y se puede aprovechar al hacerla potable”.

Antes de que creciera tanto la mancha urbana, una parte del agua se infiltraba al subsuelo, y otra se iba por la superficie buscando algún encause. Con la urbanización, el agua ya no se puede infiltrar. Toda el agua escurre de manera mucho más rápida a los lugares bajos y causa inundaciones al saturar los sistemas de drenaje.
“Tenemos que conocer, de acuerdo con el sitio donde se viva, cuál es la calidad del agua. En el norte de la ciudad de México cerca de la zona industrial, probablemente el aire se encuentre mucho más contaminado que en el sur, por lo que yo no recomendaría captar esa agua de lluvia, y sin tratamiento alguno usarla”, ha señalado el ex coordinador de la Red del Agua de la AMC.

Nacen proyectos innovadores

Enrique Lomnitz y David Vargas, quienes encabezan la asociación civil Isla Urbana, han puesto en marcha en la ciudad de México el sistema de cosecha de agua de lluvia. Una solución sustentable que podría garantizar el acceso de agua para uso cotidiano, como lavar ropa, trastes y limpieza en general e incluso bañarse.

“Algunos proyectos son cofinanciados con becas, aportaciones de instituciones y autoridades porque nuestra misión es masificar la captación de agua de lluvia. En Tlalpan hemos instalado más de mil sistemas. El costo por su instalación varía por delegación, por ejemplo, en Xochimilco, tiene un precio de 3 mil 500 pesos por casa, esto es el 25% del total”, comentó David Vargas.

En la ciudad de México más del 65% de las casas tienen los elementos esenciales para instalar el sistema de cosecha de agua de lluvia: una cisterna, una bomba y un tinaco. Por eso, esta asociación generalmente contribuye con el Tlaloque (una tecnología 100% mexicana y que consiste en separar los primeros 10 minutos del agua de lluvia, que es la más contaminada), un par de tubos y dos filtros; uno es sedimentador y el otro de carbón activado.

“Nuestra visión es replicar el modelo en diferentes delegaciones como Iztapalapa, y luego en otros estados con problemas de abasto de agua como Guadalajara. El requisito indispensable para implementar el sistema es una precipitación pluvial arriba de 500 mililitros al año. Con 30 metros cuadrados de techo se pueden obtener aproximadamente 30 mil litros de agua al año, que pueden rendir hasta seis meses”, explicó Vargas.

En el marco del Día Mundial del Agua, una de cada seis personas a nivel global no tienen acceso a ninguna fuente de agua limpia. Experimentos como la cosecha de agua de lluvia podrían representar una posible solución a largo plazo para abastecer las necesidades domésticas, industriales y de comercio en algunas regiones del país. Además de atenuar los problemas de inundaciones y la sobreexplotación de agua subterránea.

Luz Olivia Badillo

Fuente: http://www.comunicacion.amc.edu.mx/comunicados/cosechan-agua-de-lluvia-para-familias-sin-acceso-al-liquido/

domingo, 24 de marzo de 2013

Aumenta segregación socioespacial en ciudades de México y América Latina

•Cada vez más la población pobre vive en las periferias de las urbes con poco o nulo acceso a servicios básicos

•Expertos analizan características comunes de las ciudades de América Latina

El seminario “Segregación urbana y espacios de exclusión social”, realizado el 13 y 14 de marzo en el Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), reunió a expertos de diversas universidades del país para intercambiar experiencias en torno a los rasgos que caracterizan los patrones de segregación socioespacial en las ciudades, es decir, cómo se diferencian los grupos sociales en las urbes, y las peculiaridades y diferencias de dicho fenómeno en ciudades de nuestro país como Guadalajara, Ciudad Juárez, Cuernavaca y la ciudad de México, y otras en Latinoamérica.

“En nuestras ciudades, que se caracterizan por tener un modelo económico neoliberal –y varios estudios académicos de América Latina lo confirman–, ha aumentado la segregación residencial. Vemos cómo centros comerciales, grandes corporaciones y barrios cerrados exclusivos para gente rica han expulsado a grupos en condición de pobreza de las zonas céntricas a las periferias, lugares donde viven en la ilegalidad y con carencia absoluta de servicios”, comentó el doctor Adrián Guillermo Aguilar, uno de los coordinadores del Seminario y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

El doctor José Omar Moncada, director del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), también miembro de la AMC, reconoció la labor de los coordinadores del seminario por las 19 ponencias que reunieron el 13 y 14 de marzo a especialistas de universidades de diversos estados del país: la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, El Colegio Mexiquense, la Universidad de Guadalajara, la Universidad Autónoma de Quintana Roo, el Centro de Investigación y Estudios Avanzados Unidad Mérida y la Universidad Católica de Chile, entre otras.

Martha Schteingart, participante e investigadora de El Colegio de México, lleva 50 años estudiando la división social del espacio en la ciudad de México, donde el principal rasgo es que se han agregado a la mancha urbana municipios del estado de México e Hidalgo. Expuso que a diferencia de las ciudades de Estados Unidos donde las personas en condiciones de pobreza se concentran en el centro, en nuestro país ocurre todo lo contrario.

La investigadora distinguió dos tipos de segregación: la pasiva, que son los ciudadanos sin un suelo dónde puedan construir sus hogares, razón por la cual, se ven obligados a migrar a las periferias de las urbes. En este rubro ubicó a cerca del 23% de habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México. Y los grupos de segregación activa, personas de clase alta que eligen vivir en barrios cerrados y vigilados. Ubicó a medio millón de personas en dicha condición.

El doctor Adrián Guillermo Aguilar agregó que las decisiones de gobernanza deben tocar a diferentes niveles de gobierno en el caso de la zona metropolitana del Valle de México, una megaurbe; sin embargo, todavía tenemos una división muy marcada en la toma de decisiones entre estados y municipios, lo cual no debe de ocurrir porque los problemas no se detienen en los límites estatales.

“En este momento no se nota tanto la unión física entre una ciudad y otra, por ejemplo, entre Tizayuca y Atenco pero hay una unión funcional porque hay gente que trabaja en una ciudad pero vive en la otra. Hay muchos vínculos y lo tenemos que ver como un solo fenómeno con implicaciones regionales que rebasan los límites estatales o municipales: los planes y la toma de decisiones tienen que ser a ese nivel”, destacó.

Luz Olivia Badillo

jueves, 14 de marzo de 2013

Materiales para construcción no corresponden con el clima del país

  • El diseño bioclimático debería ser una materia obligatoria en la carrera de Arquitectura, destacó Guadalupe Huelsz, investigadora del Instituto de Energías Renovables de la UNAM
 “En México dos terceras partes de la superficie del país son cálidas y el uso de ciertos materiales y el diseño de las edificaciones no es acorde con esta realidad. Estamos lejos de tener espacios confortables, que no requieran sistemas de calefacción o enfriamiento que consuman grandes cantidades de energía”, dijo la doctora Guadalupe Huelsz, investigadora del Instituto de Energías Renovables de la UNAM e integrante de la Academia Mexicana de Ciencias.

La doctora Guadalupe Huelz estudia los mecanismos para lograr la sustentabilidad de las viviendas mexicanas. 
Foto: Arturo Orta


El uso de la energía residencial, comercial y público representa el 18.6% por ciento del consumo final de energía en el país. La Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía ha hecho público que de esa cifra, el 44% se emplea en calefacción y aire acondicionado, 33% en iluminación y electrodomésticos; 14% en refrigeración y 9% en estufas y calentadores de agua. Sin embargo, no se tienen las especificaciones de uso por entidades, explicó la especialista en el marco del Programa Hacia dónde va la ciencia, organizado por la Academia Mexicana de Ciencias, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y el Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia.

“El diseño bioclimático es muy poco estudiado, casi no hay personas preparadas técnicamente en el país, por lo que debería de ser una materia obligatoria en la carrera de Arquitectura. Además, se deberían crear vínculos entre investigadores y profesores de arquitectura, y de ciencia e ingeniería que sean expertos en las áreas de transferencia de calor, dinámica de fluidos y de materiales”, comentó Huelsz.

La arquitectura bioclimática es el estudio del uso eficiente de la energía en las edificaciones, ya sea bajo un perfil comercial, residencial o de servicios. Tiene que ver con el diseño de estructuras que respondan a las necesidades de quienes las habitan y que sean acordes con el clima del lugar para un menor consumo de combustibles fósiles.

La Política Nacional de Vivienda del actual sexenio contempla, dentro de sus ejes estratégicos, llevar a la vivienda mexicana hacia un Modelo de Desarrollo Urbano Sustentable e Inteligente, por lo que el diseño bioclimático será clave para alcanzar dicho objetivo. El proyecto íntegro se publicará en 2014 y estará a cargo de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), dependencia creada el pasado 11 de febrero de 2013.

Luz Olivia Badillo