lunes, 13 de mayo de 2013

Primera persona: Eufrosina Cruz

Nací en la Sierra Sur del estado de Oaxaca, mi nombre es Eufrosina Cruz Mendoza. Soy mujer y siempre parto diciendo que soy una mujer indígena, ¿Por qué parto diciéndolo? Porque el ser indígena. significa para nosotros tener una identidad cultural, una lengua, una vestimenta. Decimos no a la violación de nuestros derechos humanos, no a la retención del desarrollo de nuestras comunidades. Soy una mujer rebelde, yo creo.

Mi infancia, al vivir en una comunidad, fue complicada porque no creces jugando con muñecas. Creces aprendiendo a hacer las tortillas. Te educan para casarte, para ser entregada  a un hombre y te conviertas en madre de familia como mi mamá. Es un círculo vicioso. Tampoco responsabilizo a mi entorno, ni a mi comunidad, y mucho menos a mi padre, porque nadie le enseñó que la infancia de sus hijas tedría que ser diferente. En la visión de mi padre, de su mundo que es el pueblo de Quiegolani, él pensaba que el destino de su hija era ser mujer a los 11 años. Es difícil ser niña en una comunidad porque no tienes otra opción más que hacer las tortillas, ir al rancho e ir a traer la leña.

La educación que recibí en primaria influyó en quien soy ahora. Siempre he dicho que para cambiar el rostro de México y para que México de verdad (y Oaxaca) salgan del rezago, es preciso apostar por la educación. Hablo de una educación de calidad. Una educación donde se cuente con salones bonitos, butacas limpias, un lugar donde haya lo mínimo. Nosotros, los que venimos de la montaña, no exigimos más, sino lo mínimo, lo que merecemos.

En ese sentido, creo que ser profesor es un asunto de convicción, porque el profesor transforma la vida de los niños que el día de mañana serán actores en el desarrollo de sus comunidades. Si no les fomentan a los pequeños ese empuje, esa valentía, es como dejar a una comunidad quieta. En mi vida tuve un maestro a los ocho años que fue fundamental en lo que soy ahora. Me enseñó a no tener miedo, me decía cómo era Tehuantepec, municipio de donde él era originario. 
Se llamaba Joaquín. Recuerdo cómo se apasionaba entregándolo todo, a pesar de que las aulas se estaban cayendo: el salón no tenía puertas, los pupitres de madera los hacían los papás, no teníamos mochilas, llevábamos los libros en bolsas. Ese maestro nos dio todo con tal de construir un Quiegolani mejor. Yo creo que ya es un triunfo que el mundo hoy sepa sobre Quiegolani, y esté en la mira de muchos gracias a ese maestro que no tuvo miedo de ir a la montaña. La educación cambia todo.

Ese maestro que tuve cuando estudie la primaria, aquella escuela donde el tejado y la madera se estaba desintegrando, me cambió y me transformó en lo que soy ahora, porque a pesar de que él se encontraba en el mismo Quiegolani donde yo vivía, no se dormía en el piso de tierra, en el petate; se dormía arriba, aunque sea sobre unas tablas, pero no en el suelo. Ese maestro llegaba con periódico. Hoy sé que son periódicos, en ese entonces los conocía de diferente forma, nos enseñó que existen “casotas grandes”, que había autos...

El profesor Joaquín me enseñó a soñar que afuera de esas montañas que encierran a Quiegolani había otro mundo que yo tenía el hambre de descubrir, y no quedarme ahí, donde mi mamá me despertaba a las tres de la mañana para hacer las tortillas, en donde mis padres no tuvieron la oportunidad de quitarse ese velo de la ignorancia que es igual a la pobreza y la marginación, porque no tuvieron la oportunidad de ir a la escuela, de aprender las letras. 
Siempre lo he dicho, el que hoy me encuentre defendiendo mis derechos, los derechos de los que me rodean, los derechos de las comunidades de mi Estado, se lo debo a la educación, a ese maestro que se arriesgó por mi con responsabilidad. Definitivamente la educación responsable, los maestros responsables, cambian la vida de los seres humanos.

Mi lengua materna es el zapoteco, y empecé a admirar a mi maestro precisamente porque hablaba diferente a mí. Él nos daba clases en español, le entendía yo toditito pero, ¿cómo caramba podía yo contestarle?, ¿cómo hilar ese enunciado?, ¿cómo responder a ese maestro? En zapoteco sí lo podía hacer, sí lograba razonar. El problema era, ¿cómo platicar?, ¿cómo dialogar con ese maestro en español? Porque al llegar a mi entorno, con mis papás me comunicaba en zapoteco igual con mis hermanos y la gente del pueblo. Yo creo que se tiene que construir una educación con la lengua materna de los niños y con el español, ambas lenguas tienen que ir de la mano porque sólo con la lengua materna, es un desafío aprender otra lengua ajena a aquélla con la que podemos comunicarnos con el resto de la comunidad.

Ese maestro me regaló un libro donde nos enseñaba a separar las sílabas, a armar palabras como “árbol” o “gato”. El libro que más recuerdo y el que más me impactó es el de la mujer con la bandera envuelta (La Patria del pintor Jorge González Camarena); para mí era como si fuera un ave libre. Es lo único que buscamos los seres humanos, ser libres. Con las historias de los cuentos, soñé que hay un más allá de Quiegolani. Yo creo que con los libros de texto gratuitos tenemos que impulsar a nuestros niños a soñar que hay un más allá de lo que ven, más allá de lo que encierran sus entornos, más allá de lo que se vive en su comunidad, para que aprendan a luchar por sus sueños. No importa cuántas veces caigan, el chiste es que sepan levantarse y llegar a donde inicia ese sueño.

Los libros de texto gratuitos me enseñaron a soñar. Todo lo soñé en zapoteco, porque los que hablamos una lengua materna indígena, reaccionamos primero con esa estructura y luego lo convertimos en español para transmitirlo. Aprendí a soñar en mi lengua materna, aunque todo lo escuchaba en español; como no le podía contestar a mi maestro, mi sueño se fue construyendo en zapoteco. Para mí, esos libros eran tan  ilustrativos, con lecturas tan inspiradoras. El libro de texto gratuito sigue siendo muy importante como complemento de la formación de los niños. Por supuesto, me gustaría que volvieran a ser lo que antes, con sus cuentos tan ilustrativos, de eso que te  contaban, de personajes como El Burro o El Niño. El libro de texto gratuito tiene que tocar el alma de los niños y los padres de familia, porque para que algo cambie tiene que llegar al corazón.

El libro de texto gratuito es parte medular para la educación de los niños, ha sido la parte fundamental para cambiar muchos entornos en maestros, niños y padres de familia, pero ojalá que los gobiernos en turno le den continuidad a las políticas educativas que sí tienen éxito, independientemente de la administración. Duele ver cuando quitan de circulación un texto que ha funcionado muy bien. Muchas veces esos cambios se hacen desde un escritorio. Los especialistas no van a las comunidades, no le preguntan a los profesores responsables si les sirven o no las modificaciones. Porque el libro de texto gratuito cambia entornos, es un complemento donde se convierte al niño en un luchador por su libertad, y por el desarrollo de su comunidad. El libro de texto gratuito no es un libro cualquiera, es un libro que cuando lo abres y está nuevo, lo hueles, lo tocas con ilusión, lo hojeas dos o tres veces el primer día con el olor que esconde todo un mundo por descubrir.


Me ha tocado recorrer casi todo el país participando en foros y conferencias dirigidas a los jóvenes. Me ha tocado conocer estos dos Méxicos porque en el norte hay uno y en el sur hay otro: ambos necesitan conectarse, salir de la marginalidad. Mi lucha no va a parar hasta que ninguna mujer sea violentada en sus derechos, hasta que ninguna niña sea entregada en matrimonio porque así lo decidieron sus papás o porque así lo dictan los usos y costumbres de su localidad. La educación es eso; la educación ayuda a no detener el desarrollo de nuestras comunidades, la educación quita el velo de la ignorancia. Yo lo viví con mi familia. Mi papá a sus 68 años aprendió que su hija mujer y su hijo hombre valemos lo mismo. La vida da muchos giros. Hoy, una mujer que fue madre a temprana edad pero ya terminó la educación para adultos sabe que su opinión cuenta.

Si tú le das herramientas a los niños, ya sabrán si casarse o no; la señora decidirá si quiere tener siete hijos o ninguno; la señora golpeada o maltratada sabrá que es posible denunciar y que hay instancias que la protegen. Eso es educación. El rezago de pobreza se siente, se huele y se camina en las comunidades. Te llena de impotencia y coraje que un niño, en lugar de cinturón, use mecate; ver señoras que en su vida han usado huaraches o ver las manos carcomidas de mi mamá porque la cal las ha desgastado. La educación es la parte medular de nuestro México.

Con el tiempo descubrí que la discriminación existe en todos los niveles sociales, pero aprendí a defender en lo que creo y a soportar lo que dicen, siempre con mi objetivo por delante: garantizar lo mínimo para la gente que vive a siete horas en la montaña. Aprender a tratar a la gente que viene de allá con dignidad, porque esa gente de la montaña huele a montaña. Pero eso no lo entienden los “civilizados”; ese olor es producto de la marginación y la pobreza.

Siempre he dicho que los que venimos de la montaña no tenemos derecho a ser pesimistas porque de lo contrario solo tendríamos derecho a un camino: lo tomas o lo tomas. La vida me enseñó a no caer y a decir: bueno pa' la otra, pues. Cuando llego allá, a la montaña, para la gente yo soy la que no llora, la fuerte. No tengo derecho a caerme enfrente de ellos, porque son los primeros en decirme: Estamos contigo hasta el final. Ya logramos una reforma a la Constitución de Oaxaca y al Código Electoral del Estado para garantizar la participación de la mujer en los comicios, independientemente de los usos y costumbres de la comunidad. En esto días logramos impugnar un proceso electoral en el que se negó la participación a una mujer; el Tribunal Electoral de Oaxaca le dio la razón a ella. El camino ya está abierto, queda utilizarlo. Al ver por primera vez a mujeres  en Quiegolani dueñas de proyectos productivos y beneficiarias de programas sociales, ejerciendo su derecho a voto, debatiendo y decidiendo, yo me digo: vale la pena todo.

A los luchadores sociales que vienen detrás de mí ya no les costará tanto trabajo decirle a México que los indígenas queremos ser parte de México; decirle al mundo que queremos ser parte del mundo sin dejar de lado nuestra identidad cultural, nuestra lengua. Pido para los hijos de esos rostros que a lo mejor ninguno de nosotros conocemos y que viven sierra adentro: los mixes, de la sierra Mixteca, los coras y los huicholes de la sierra Tarahumara. La vida me enseñó a luchar y a soñar con los ojos bien abiertos, porque luego las caídas duelen, pero el chiste es saber levantarse.

Soy diputada por el Partido Acción Nacional y presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados de Oaxaca. Por primera vez en la historia del estado, una mujer, y una mujer indígena dirige un Congreso. Me tocó romper muros y arrebatar los espacios que se nos deben a los indígenas porque no somos nada más la parte de la exhibición, la parte del folclore o la imagen de algún político para que haga campaña por nosotros. Los indígenas somos capaces de estar en pancarta pero como candidatos; somos capaces de tomar decisiones, de debatir, de cuestionar, de reflexionar. Y lo más importante, somos capaces de aportar ideas en el desarrollo de nuestras comunidades. Hoy que la vida me da la oportunidad de romper muros, es un triple esfuerzo porque tengo que probar que como mujer indígena soy capaz, y desde el Congreso vamos a presentar iniciativas para garantizar la no violación a los derechos humanos de mis hermanos indígenas. En esas rebeldías ando.

Luz Olivia Badillo

martes, 23 de abril de 2013

Por quién doblan las campanas

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.

Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.


Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

JOHN DONNE,  Londres (1572-1631)

martes, 26 de marzo de 2013

Cosechan agua de lluvia para familias sin acceso al líquido



Infografía: Natalia Rentería Nieto


  • En regiones como el Valle de México, la captación del agua de lluvia podría
  •  reducir las inundaciones y además haría posible el aprovechamiento del líquido

  • Surgen en la sociedad proyectos innovadores que hasta el momento han logrado instalar mil 151 sistemas con los que se han captado 54 millones de litros de agua


La captación de agua de lluvia puede ser una de las soluciones para enfrentar el reto que plantea la disponibilidad del líquido en diversas regiones del país. El doctor Luis Marín, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) ha señalado que: “Cada temporada se presentan lluvias relámpago que ocasionan inundaciones, mientras en lugares como Iztapalapa (en el Distrito Federal) hay casi dos millones de personas sin agua. Si logramos capturar el 50% del agua de lluvia, las probabilidades de inundación se reducen porque no se satura el drenaje y se puede aprovechar al hacerla potable”.

Antes de que creciera tanto la mancha urbana, una parte del agua se infiltraba al subsuelo, y otra se iba por la superficie buscando algún encause. Con la urbanización, el agua ya no se puede infiltrar. Toda el agua escurre de manera mucho más rápida a los lugares bajos y causa inundaciones al saturar los sistemas de drenaje.
“Tenemos que conocer, de acuerdo con el sitio donde se viva, cuál es la calidad del agua. En el norte de la ciudad de México cerca de la zona industrial, probablemente el aire se encuentre mucho más contaminado que en el sur, por lo que yo no recomendaría captar esa agua de lluvia, y sin tratamiento alguno usarla”, ha señalado el ex coordinador de la Red del Agua de la AMC.

Nacen proyectos innovadores

Enrique Lomnitz y David Vargas, quienes encabezan la asociación civil Isla Urbana, han puesto en marcha en la ciudad de México el sistema de cosecha de agua de lluvia. Una solución sustentable que podría garantizar el acceso de agua para uso cotidiano, como lavar ropa, trastes y limpieza en general e incluso bañarse.

“Algunos proyectos son cofinanciados con becas, aportaciones de instituciones y autoridades porque nuestra misión es masificar la captación de agua de lluvia. En Tlalpan hemos instalado más de mil sistemas. El costo por su instalación varía por delegación, por ejemplo, en Xochimilco, tiene un precio de 3 mil 500 pesos por casa, esto es el 25% del total”, comentó David Vargas.

En la ciudad de México más del 65% de las casas tienen los elementos esenciales para instalar el sistema de cosecha de agua de lluvia: una cisterna, una bomba y un tinaco. Por eso, esta asociación generalmente contribuye con el Tlaloque (una tecnología 100% mexicana y que consiste en separar los primeros 10 minutos del agua de lluvia, que es la más contaminada), un par de tubos y dos filtros; uno es sedimentador y el otro de carbón activado.

“Nuestra visión es replicar el modelo en diferentes delegaciones como Iztapalapa, y luego en otros estados con problemas de abasto de agua como Guadalajara. El requisito indispensable para implementar el sistema es una precipitación pluvial arriba de 500 mililitros al año. Con 30 metros cuadrados de techo se pueden obtener aproximadamente 30 mil litros de agua al año, que pueden rendir hasta seis meses”, explicó Vargas.

En el marco del Día Mundial del Agua, una de cada seis personas a nivel global no tienen acceso a ninguna fuente de agua limpia. Experimentos como la cosecha de agua de lluvia podrían representar una posible solución a largo plazo para abastecer las necesidades domésticas, industriales y de comercio en algunas regiones del país. Además de atenuar los problemas de inundaciones y la sobreexplotación de agua subterránea.

Luz Olivia Badillo

Fuente: http://www.comunicacion.amc.edu.mx/comunicados/cosechan-agua-de-lluvia-para-familias-sin-acceso-al-liquido/

domingo, 24 de marzo de 2013

Aumenta segregación socioespacial en ciudades de México y América Latina

•Cada vez más la población pobre vive en las periferias de las urbes con poco o nulo acceso a servicios básicos

•Expertos analizan características comunes de las ciudades de América Latina

El seminario “Segregación urbana y espacios de exclusión social”, realizado el 13 y 14 de marzo en el Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), reunió a expertos de diversas universidades del país para intercambiar experiencias en torno a los rasgos que caracterizan los patrones de segregación socioespacial en las ciudades, es decir, cómo se diferencian los grupos sociales en las urbes, y las peculiaridades y diferencias de dicho fenómeno en ciudades de nuestro país como Guadalajara, Ciudad Juárez, Cuernavaca y la ciudad de México, y otras en Latinoamérica.

“En nuestras ciudades, que se caracterizan por tener un modelo económico neoliberal –y varios estudios académicos de América Latina lo confirman–, ha aumentado la segregación residencial. Vemos cómo centros comerciales, grandes corporaciones y barrios cerrados exclusivos para gente rica han expulsado a grupos en condición de pobreza de las zonas céntricas a las periferias, lugares donde viven en la ilegalidad y con carencia absoluta de servicios”, comentó el doctor Adrián Guillermo Aguilar, uno de los coordinadores del Seminario y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

El doctor José Omar Moncada, director del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), también miembro de la AMC, reconoció la labor de los coordinadores del seminario por las 19 ponencias que reunieron el 13 y 14 de marzo a especialistas de universidades de diversos estados del país: la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, El Colegio Mexiquense, la Universidad de Guadalajara, la Universidad Autónoma de Quintana Roo, el Centro de Investigación y Estudios Avanzados Unidad Mérida y la Universidad Católica de Chile, entre otras.

Martha Schteingart, participante e investigadora de El Colegio de México, lleva 50 años estudiando la división social del espacio en la ciudad de México, donde el principal rasgo es que se han agregado a la mancha urbana municipios del estado de México e Hidalgo. Expuso que a diferencia de las ciudades de Estados Unidos donde las personas en condiciones de pobreza se concentran en el centro, en nuestro país ocurre todo lo contrario.

La investigadora distinguió dos tipos de segregación: la pasiva, que son los ciudadanos sin un suelo dónde puedan construir sus hogares, razón por la cual, se ven obligados a migrar a las periferias de las urbes. En este rubro ubicó a cerca del 23% de habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México. Y los grupos de segregación activa, personas de clase alta que eligen vivir en barrios cerrados y vigilados. Ubicó a medio millón de personas en dicha condición.

El doctor Adrián Guillermo Aguilar agregó que las decisiones de gobernanza deben tocar a diferentes niveles de gobierno en el caso de la zona metropolitana del Valle de México, una megaurbe; sin embargo, todavía tenemos una división muy marcada en la toma de decisiones entre estados y municipios, lo cual no debe de ocurrir porque los problemas no se detienen en los límites estatales.

“En este momento no se nota tanto la unión física entre una ciudad y otra, por ejemplo, entre Tizayuca y Atenco pero hay una unión funcional porque hay gente que trabaja en una ciudad pero vive en la otra. Hay muchos vínculos y lo tenemos que ver como un solo fenómeno con implicaciones regionales que rebasan los límites estatales o municipales: los planes y la toma de decisiones tienen que ser a ese nivel”, destacó.

Luz Olivia Badillo

jueves, 14 de marzo de 2013

Materiales para construcción no corresponden con el clima del país

  • El diseño bioclimático debería ser una materia obligatoria en la carrera de Arquitectura, destacó Guadalupe Huelsz, investigadora del Instituto de Energías Renovables de la UNAM
 “En México dos terceras partes de la superficie del país son cálidas y el uso de ciertos materiales y el diseño de las edificaciones no es acorde con esta realidad. Estamos lejos de tener espacios confortables, que no requieran sistemas de calefacción o enfriamiento que consuman grandes cantidades de energía”, dijo la doctora Guadalupe Huelsz, investigadora del Instituto de Energías Renovables de la UNAM e integrante de la Academia Mexicana de Ciencias.

La doctora Guadalupe Huelz estudia los mecanismos para lograr la sustentabilidad de las viviendas mexicanas. 
Foto: Arturo Orta


El uso de la energía residencial, comercial y público representa el 18.6% por ciento del consumo final de energía en el país. La Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía ha hecho público que de esa cifra, el 44% se emplea en calefacción y aire acondicionado, 33% en iluminación y electrodomésticos; 14% en refrigeración y 9% en estufas y calentadores de agua. Sin embargo, no se tienen las especificaciones de uso por entidades, explicó la especialista en el marco del Programa Hacia dónde va la ciencia, organizado por la Academia Mexicana de Ciencias, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y el Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia.

“El diseño bioclimático es muy poco estudiado, casi no hay personas preparadas técnicamente en el país, por lo que debería de ser una materia obligatoria en la carrera de Arquitectura. Además, se deberían crear vínculos entre investigadores y profesores de arquitectura, y de ciencia e ingeniería que sean expertos en las áreas de transferencia de calor, dinámica de fluidos y de materiales”, comentó Huelsz.

La arquitectura bioclimática es el estudio del uso eficiente de la energía en las edificaciones, ya sea bajo un perfil comercial, residencial o de servicios. Tiene que ver con el diseño de estructuras que respondan a las necesidades de quienes las habitan y que sean acordes con el clima del lugar para un menor consumo de combustibles fósiles.

La Política Nacional de Vivienda del actual sexenio contempla, dentro de sus ejes estratégicos, llevar a la vivienda mexicana hacia un Modelo de Desarrollo Urbano Sustentable e Inteligente, por lo que el diseño bioclimático será clave para alcanzar dicho objetivo. El proyecto íntegro se publicará en 2014 y estará a cargo de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), dependencia creada el pasado 11 de febrero de 2013.

Luz Olivia Badillo

domingo, 10 de marzo de 2013

La mayor parte de la bioenergía se desperdicia en el país

•Tiene un potencial 10 veces mayor al uso que actualmente se le da, señala Omar Masera
•En México aproximadamente 70 millones de toneladas de residuos agrícolas o forestales terminan en barrancas

La bioenergía se obtiene a partir de derivados de materia orgánica como la caña de azúcar, la leña, el carbón, residuos de ganado, microorganismos fotosintéticos y desechos orgánicos, las fuentes de abasto son amplias, y entre la escasa utilización actual de energías renovables, abarcan el 77% del consumo final a nivel mundial. La ventaja de este tipo de energía es que puede producir calor, electricidad, combustibles líquidos (como etanol y biodisel), sólidos (como el carbón o la leña) o gaseosos, como el biogás.

El doctor Omar Masera Cerutti, quien dirige el Laboratorio de Bioenergía del Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la UNAM y es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, considera que esta energía tiene un potencial 10 veces mayor a su uso actual en el país, el cual ronda entre los 3 mil 569 petajoules, una medida de calor y energía que se utiliza para cuantificar grandes cantidades (miles de billones de joules).

“En México generamos 70 millones de toneladas de residuos agrícolas o forestales, la mayor parte es tirada en barrancas o, en el mejor de los casos, en rellenos sanitarios; son un problema sanitario, pero bien podrían ser aprovechados y contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, comentó el doctor Masera.

El científico estudia el desarrollo de la tecnología sostenible para comunidades rurales de escasos recursos económicos; por ejemplo, el uso de la leña, uno de los recursos renovables más usados en el país: 25 millones de mexicanos aún cocinan sus alimentos en fogones. Ello le ha generado una agenda de investigación de largo plazo que le ha permitido desarrollar estufas eficientes de materiales diversos como barro, cemento y ladrillo.

Hay una revolución tecnológica en el desarrollo de estas estufas; por un lado, se cuecen alimentos de manera eficiente al distribuir el calor para que varias ollas se calienten al mismo tiempo y; por otro, se genera electricidad que permite recargar lámparas LED y celulares, una solución ideal para pueblos que carecen de servicios básicos.

Al respecto, Masera Cerutti, quien forma parte del grupo de investigadores del Panel Intergubernamental de Cambio Climático que en 2007 fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz, comenta: “Deberíamos de tener una política que priorizara el acceso de los servicios energéticos de los habitantes, empezando por los más pobres, pues algunos ni siquiera tienen resueltas necesidades básicas como iluminación, cocción o refrigeración de sus alimentos”, cuando sí existen las soluciones, muchas de estas pueden venir de las mismas comunidades.

Luz Olivia Badillo

Fuente: http://www.comunicacion.amc.edu.mx/comunicados/la-mayor-parte-de-la-bioenergia-se-desperdicia-en-el-pais/

Foto: Arturo Orta

miércoles, 6 de marzo de 2013

¿En qué cajas perceptuales estamos atrapados?

Extracto del discurso que dio Pepe Gordon hace poco en un evento público. Él nos confirma que estamos hechos de historias y la vida y la ciencia, pésele a quien le pese, sabe más rica si le metemos drama.

”Los pequeños cambios pueden tener efectos muy profundos; simplemente podríamos recordar el famoso efecto mariposa que nos dice que un pequeño aleteo puede desencadenar una tormenta, es un modelo meteorológico que planteado por Edward Lorenz hace algunos años. Esto se puede traducir en términos poéticos planteando que nadie puede cortar una flor sin perturbar a una estrella.

Una historia que tiene el sabor de un relato literario pero que pertenece al terreno de la investigación científica, es un experimento relacionado con el trabajo de David Hubel y Torsten Wiesel quienes fueron ganadores del premio Nobel en 1981. Ellos colocaron a dos grupos de gatos recién nacidos en entornos cuidadosamente controlados (los gatos nacen con los ojos cerrados y los nervios ópticos aún no están desarrollados): Un grupo de gatos estuvieron cierto periodo de tiempo en una caja con paredes dibujadas en líneas horizontales de color negro; y otro, en un caja con líneas verticales negras.

Los resultados fueron muy interesantes -parafraseando al poeta Antonio Machado: se hace mirada al mirar- porque los gatos que nunca estuvieron expuestos a las líneas verticales moldearon sus conexiones neuronales de tal suerte que se tropezaban con las sillas: ya no podían ver lo vertical y para el otro grupo, no existían las líneas horizontales. Esta investigación me confronta con dos preguntas: ¿en qué cajas perceptuales estamos atrapados?, ¿cómo salir de las cajas y problemas donde nos encierra nuestra educación, nuestra sociedad, nuestra cultura?

Me parece que detrás de las múltiples crisis que vivimos hay una crisis esencial: vivimos una crisis de imaginación. Estamos ante un confinamiento mental en donde prácticamente no podemos ver más allá de las líneas que estamos acostumbrados a ver. Sin embargo, sabemos que el arte y la ciencia nos permiten saltar los límites del pensamiento.

Ante el agujero que pareciera no tener solución, que es el del calentamiento global, el Premio Nobel Mario Molina una ocasión me planteó que el costo económico para limitar las emisiones de los gases de efecto invernadero y componentes relacionados con este problema, sorprendentemente, es relativamente barato.

Hay estudios económicos que coinciden en que el costo para enfrentar el cambio climático es de alrededor del 2 por ciento de la productividad global. Mario Molina me decía que se trata de una cantidad de dinero enorme pero es bastante menor que la cantidad de recursos que cuestan los huracanes y sequías por no hacerle caso al problema. Ante un reto que parece no tener solución, la ciencia se toma el tiempo para dimensionar los problemas. Esto no es una garantía de que como sociedad vamos a saber tomar la salida, pero por lo menos ahí está la posibilidad.

En México, como nunca, necesitamos impulsar la imaginación y genialidad que está en nuestros cerebros, en nuestras cien mil millones de neuronas para impulsar la educación del siglo XXI con las herramientas que tenemos para pensar las cosas de una manera completamente fresca y original, para impulsar la ciencia y la innovación.

Estoy convencido de que los científicos mexicanos pueden abrir boquetes en las cajas que nos limitan para ponernos al día en la sociedad del conocimiento del que todos somos conscientes para crear grupos estratégicos de pensamiento, think tanks que pueda impulsar el crecimiento y detonar de manera estratégica el desarrollo en nuestro país e ir de la mano con las industrias, con la sociedad en su conjunto para combatir la pobreza y la desigualdad".